Desarrollo
La luz no es sólo lo que vemos. Es una onda electromagnética, una vibración del espacio mismo: el campo eléctrico oscila en una dirección, el campo magnético en otra, y ambos viajan juntos, formando una danza invisible. En el espacio libre, la luz puede vibrar en todas las direcciones posibles, perpendicularmente a su movimiento. Esa libertad de vibrar es lo que llamamos luz no polarizada.
Sin embargo, cuando colocamos un material polarizador —como una lámina de polímero alineado molecularmente— sólo dejamos pasar las ondas que vibran en una dirección específica. Es decir, filtramos la luz. Si añadimos un segundo filtro girado respecto al primero, toda la luz desaparece. La información aún existe, pero está bloqueada por los filtros que decidimos poner.
Este fenómeno físico tiene una potencia simbólica extraordinaria. En la sociedad, las ideas también vibran en múltiples direcciones. Pero los sistemas de información —los medios, los algoritmos, las ideologías— actúan como polarizadores: filtran lo que vemos, lo que pensamos, y lo que creemos que es real.
Como diría Hegel, la verdad no es una cosa dada, sino el resultado de una tensión dialéctica entre tesis, antítesis y síntesis. Pero si bloqueamos la antítesis, si sólo dejamos pasar lo que confirma nuestra tesis, nunca llegamos a una síntesis. Nos quedamos atrapados en una visión parcial del mundo, incapaces de integrar lo que contradice nuestras creencias.
Freud, por su parte, nos enseñó que nuestras decisiones no siempre son racionales. Están guiadas por deseos inconscientes, por pulsiones que escapan al control del yo. En el entorno digital, los algoritmos lo saben. No nos muestran lo que es cierto, sino lo que activa nuestros impulsos más profundos. Nos alimentan con contenido que refuerza nuestras emociones, que nos enfurece o nos gratifica, creando una experiencia personalizada pero profundamente sesgada.
Gustave Le Bon advirtió que las masas no razonan: sienten. Y que, en grupo, el individuo pierde su capacidad crítica. Hoy, las redes sociales amplifican esta dinámica. Cada usuario vive en su propio plano de vibración: una burbuja de información diseñada para mantener su atención. La masa digital no busca verdad, busca pertenencia. Y los filtros polarizadores la proveen.
Edward Bernays, pionero de la propaganda moderna y sobrino de Freud, comprendió que la opinión pública podía ser moldeada como arcilla si se conocía la psicología de las masas.
Hoy, esa ingeniería del consentimiento se ha automatizado. Los filtros ya no los elige un editor: los calcula un algoritmo. Cada “me gusta”, cada clic, cada scroll es un dato que afina el filtro. Así, el mundo se fragmenta en realidades paralelas. Y como en la óptica, lo que no pasa por el filtro simplemente no existe.
Comprender cómo funciona la polarización —en la luz o en las ideas— nos da una herramienta para recuperar la claridad. No se trata de eliminar los filtros, sino de saber cuándo y cómo están actuando. En el mundo digital, conocer cómo se manipula la atención es una forma de libertad. Porque sólo quien entiende los filtros puede decidir ver la luz completa.
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📚 Referencias
- Bernays, E. (1928). Propaganda. Horace Liveright.
- Freud, S. (1923). El yo y el ello. Biblioteca Nueva.
- Hecht, E. (2002). Optics (4th ed.). Addison-Wesley.
- Hegel, G. W. F. (1807). Fenomenología del espíritu. Fondo de Cultura Económica.
- Le Bon, G. (1895). La psicología de las masas. Editorial Morata.
- Malus, É.-L. (1809). Sur une propriété de la lumière réfléchie. Mémoires de Physique.
- Pariser, E. (2011). The filter bubble: What the Internet is hiding from you. Penguin Press.
- Zuboff, S. (2019). The age of surveillance capitalism: The fight for a human future at the new frontier of power. PublicAffairs.
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✍️ Nota de autoría y asistencia tecnológica Este trabajo fue desarrollado por José Manuel Barranco Hernández, maestrante en Computación Óptica, como parte de la materia Ética Profesional. El contenido, ideas y enfoque conceptual son de autoría propia. Para su redacción, estructuración y formato se contó con asistencia de inteligencia artificial (Microsoft Copilot), utilizada como herramienta de apoyo para integrar referencias, mejorar la claridad argumentativa y adaptar el texto a estándares académicos.
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🗒️ Comentario personal del autor
Este artículo surgió de una experiencia vivida durante el Tercer Encuentro de Investigación UPT 2025, donde me tocó explicar un experimento de polarización con el maletín del SPIEI. Aunque la demostración fue técnica, una pregunta de un compañero me desveló:
“¿Por qué la izquierda apoya a Palestina y la derecha a Israel?”
Esa inquietud me llevó a conectar la física con la política, la óptica con la ideología. Lo que comenzó como una tarea técnica terminó siendo una reflexión ética que me quitó el sueño, pero me devolvió claridad. Este texto es el resultado de esa noche.